miércoles, 17 de mayo de 2017

El día que se unieron toros, gays y publicidad

Hace unos años por acá estas tierras del sur se tuvo una idea que se pensaba iba a revolucionar el mundo del toro, dándole un vuelco a todo a lo que hasta ahora había sido, y pensando que con esta nueva estrategia iba a cambiarse la imagen y el sentido del toreo. Pero la cosa no funcionó como estaba previsto.

Y digo esto porque, de hecho, yo me enteré hace poco de este acontecimiento, y no sé por qué me da que no fue muy divulgado, ya que poca gente lo conoce. Se hizo un poco de eco en la prensa del momento, pero en la actualidad nadie sabe muy bien qué fue lo que pasó. La historia es un poco extraña, y me resulta raro que nadie tuviera esa constancia en el momento, pero bueno, ya se sabe que los inicios son entusiastas y nadie quiere ver lo que puede no salir bien.

Resulta que en el 2009 a una empresa fabricante de una bebida para gays (que no sé muy bien qué la hacía diferente a las bebidas para los demás integrantes de la especie humana) se le ocurre que va a patrocinar la carrera de un torero aportando capital, y que para ello va a usar su capote para poner su publicidad y hacerse notar. Con esto, decían, querían renovar el mundo del toreo, usando la publicidad para hacerlo más popular, tal y como un día se hizo con el fútbol; y aparte de esta especie de revolución que querían hacer, pensaban que así atraerían público hacia la tauromaquia, pues muchos a los que antes no interesaba quizá volvieran sus ojos hasta este arte.


Imagino que ese público, evidentemente, sería gay, si no poco importaría que anunciaran esa bebida o la marca de unas compresas. Y digo yo, ¿de verdad esperaban que los homosexuales dejaran de lado sus aficiones, tales como ver videos xxx gay, para irse a una plaza de toros y ver una corrida, sólo porque en el capote de uno de sus toreros se anunciara una bebida para mariquitas? Es una idea un poco absurda, ya que está claro que los toros, o te gustan, o no te gustan, y no veo qué tiene que ver la inclinación sexual en este tema; y además, si tenemos en cuenta la tradición homófoba del mundo del toro (que tampoco entiendo mucho, pues no comprendo qué tiene que ver tu condición sexual con tener el valor de ponerte delante de un bicho de 500 kg y de cuernos afilados), no creo que por este detalle vaya a cambiar mucho la cosa. Aunque, por otro lado, no creo que los gays que vayan a ver los toros lleven un cartel proclamando sus gusto sexuales, ¿o no? ¿Cómo podrían saber entonces qué publico habían atraído?

En realidad, no tengo idea de cómo acabó todo, porque ya su planteamiento me pareció tan lerdo, que ni ganas tengo de saber cómo fue el final.

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