miércoles, 25 de enero de 2017

¿Habrá toreros gays en Andalucía?



Son muchos los ciudadanos del mundo que, al hablar de España, automáticamente la enlazan con la idea del toreo. Y si hay un lugar donde eso se ha arte, es sin duda Andalucía.
Quizá tenga mucho que ver con que, en realidad, Al-Andalus fue la cuna del toreo, allá por la Edad Media, cuando los árabes eran dueños de media península ibérica y su poder había durado tanto tiempo, y tanto que duró después. Fue allí donde se inventó un juego para caballeros, consistente en atacar a los toros bravos que se criaban por toda la campiña andaluza; mientras ellos los lanceaban a caballo, sus sirvientes  intentaban cansarlos a pie, evitando sus cuernos como podían. Y al final, fueron estos últimos lo que se quedaron con el protagonismo de la fiesta.
Cuando los cristianos fueron entrando en Al-Andalus y conquistándolo poco a poco, adoptaron este juego, que ya tenía el sabor de algarabía y fiesta tan propio de esa tierra, y que se sigue manteniendo hasta estos días. Aunque los castellanos no eran muy dados a este tipo de celebración, pronto cambiaron de idea ante lo que después se convertiría en un arte, y lo extendieron por toda la península.
Pero fue en Andalucía donde se siguió teniendo esa afición a la fiesta taurina tan grande. Los siglos pasaron pero su fama no hizo más que crecer;  la conquista de América la extendió por todo el sur del continente, y hasta llegó a tener la mención de Fiesta Nacional.
Y a pesar de ser millones los aficionados a los toros, y que ha arraigado en muchos lugares, no hay lugar en el mundo de dónde hayan salido más artistas del toreo que de Andalucía. Los grandes maestros del ayer y de ahora tienen sangre andaluza, eso sin desmerecer a los de otros lugares, por supuesto.
Sin embargo, el toreo está en horas bajas, como todos sabemos. Los grupos ecologistas y pro-animales empezaron protestando por las torturas que los toros sufrían durante las corridas, pero acabaron tornando en grupos directamente anti-taurinos, algunos con convicciones demasiado extremas.
Y como en todo, los extremos no llevan a ninguna buena parte. Está bien protestar y criticar lo que uno considera que no es correcto y que debería cambiar, pero de ahí a alegrarse por los toreros que pierden la vida en la plaza ejerciendo su profesión, e insultar a niños enfermos sólo por ser aficionados a los toros, e incluso desear la muerte a ambos, hay un paso muy grande. Y no dice nada bueno de los que así expresan sus creencias.

La historia del toreo ha sido grande, nos guste esta fiesta o no. Puede ser que los españoles nos pongamos de acuerdo para sacarla de nuestra cultura tradicional, si eso es lo que quiere la mayoría; pero su grandeza, lo que ha sido, nunca se podrá negar.

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